8 de diciembre de 2020

Un año para el recuerdo. 366 días para aprender

 

El año 2.020 está a punto de terminar y toca hacer balance. Es un año complicado para valorar con todo lo que ha pasado. Una pandemia mundial que el día de mañana nuestros nietos estudiarán en el colegio.



Hemos estado confinados (y algunos aún), hemos tenido que dejar de ver a nuestros seres queridos, amigos. Dejar de hacer cosas que en su momento nos parecían una simple rutina y que ahora echamos de menos. Todo una jodida mierda, la verdad.

¿De verdad voy a sopesar todo lo que esté año nos ha traído? Sí, querida amiga. Creo que es importante, sobre todo porque creo que a muchos nos ha servido para aprender, así que dejadme que divague un poco y os cuente todo lo bueno y malo. Las decisiones, los errores y aciertos y como me plante la entrada de un nuevo año.

Enero empezó con ganas y fuerza por mi parte, los años bisiestos me han parecido siempre formidables. Un día más para escribir nuestra historia. En ese mes me costaba concentrarme a la hora de escribir, estaba aún en una dura recta final de la campaña navideña y ni siquiera me planteaba publicar ninguna novela durante el año.

Llegó febrero y con ello las malas noticias de que el extraño virus que tenía origen en China se iba expandiendo. Los datos nos empezaban a alarma y el miedo ya se sentía en muchos sitios. Ese mes, aún con todo eso, aún me hacía pensar que el año podía ser maravilloso (y a punto de terminar sigo pensando lo mismo).

Marzo… un mes que me gustaría olvidar, como a todos. Las noticias ya solo hablaban del Covid, los datos subían y todos teníamos que llegará a tocar a nuestras familias. Ese mes mi hija tenía una excursión que esperaba con ansias, volvía aquel viernes 13 de marzo de excursión y yo estaba preocupada. Volvió pocas horas antes de que nos dijeran que debíamos quedarnos en casa. ¿Mis dos niñas encerradas por tiempo indeterminado? Fuimos muchos los que nos asustamos con esa noticia, pero que maravillosa lección nos dieron los peques de las casas. Estudiaban más que nunca, aprendieron a jugar en el balcón, hacer videollamadas para poder ver a sus abuelos, tíos y amigos. Salían cada tarde a las ocho a aplaudir. ¿Desesperante para ellos? Sí, pero que bien lo hicieron.

Mientras, yo tenía que levantarme cada mañana viviendo en un ERTE, agobiada sin saber cuándo la vida continuaría y, ¿qué mejor manera que hacerlo que perderme entre las páginas de un documento de word?

            Ahí es donde empecé a jugar con Nada más que tú. La leí, me di cuenta de lo que necesitaba y todo fluyó.



Abril seguía igual, no hay mucho que contar de esos meses que pasamos “encerrados” en casa. Mis hijas soportaban todo lo que conllevaba la situación, mi marido teletrabajaba en el estudio (aún lo hace) y yo… después de arreglar la novela decidí que ese año finalmente si publicaría y que tenía que aprovechar que las musas habían despertado por lo que volví a retomar #proyectoamor, que tenía poco más 15.000 palabras. Cuando leí lo que tenía escrito, las palabras salieron solas y la novela empezó a coger forma.

Mayo llegó con una maquetación, una portada nueva y un proyecto que avanzaba sacándome sonrisas, nosotros aún en casa soportando, viviendo nuevas aventuras dentro de las paredes que conformaban el hogar. Que maravillosa palabra que cobró más sentido durante esos meses.

Junio lo tomé con una esperanza renovada. A final de mes saldría Nada más que tú y la palabra fin apareció en #proyectoamor. Ahora empezaban los nervios; por la publicación de una novela y por la respuesta que esperaba que llegaran de las editoriales a la que había mandado el anterior proyecto.

Julio fue un mes de alegría, llegaron las fases, poder movernos y ver a toda esas personas que echábamos de menos y el trabajo. La rutina. Vacaciones de sol, playa, paseos y familia al completo. Quien me iba a decir que el final de ese mes marcaría el resto del año.



Agosto, el mes de mi cumpleaños. Primeras respuestas de editoriales y afirmativas, pero que tenía que valorar y retrasar porque estando en mis preciadas vacaciones me ingresaron para una intervención de urgencia. Nada malo, pero algo que debía de ser eliminado. Después de los meses de confinamiento volvía a estar en casa, de reposo y sin poder trabajar.

Cualquiera que me lea puede pensar que mi año ha sido una mierda, pero es según la perspectiva con la que veas el agua en el interior del vaso.

Septiembre, vuelta al cole y, aunque a mí me habían operado, la cosa no mejoraba. Las curas seguían siendo a diario y yo me desesperaba. Ya podía sentarme con más comodidad y con ello al fin podía prestar atención a esas musas que me habían empezado a visitar junto al comienzo de la cuarentena y ahí empezó #proyectodesastte.

Octubre volvió con nuevas malas noticias, ya estábamos dentro de la temida oleada. El temor a un nuevo confinamiento y la noticia de que me tenía que ver de nuevo la cirujana para sopesar una nueva operación.

Noviembre, el mes en el que #proyectoamor recibió la mejor noticia de todas. Había teñido buenas noticias de varias editoriales que me habían ayudado a sobrellevar todo lo que llevaba arrastrando, pero al fin había llegado la que esperaba. Firmé el contrato y por primera vez en mi vida una escritora de brújula se paró a hacer la escaleta de una novela. Que maravillosa decisión tomé en aquel momento.



Diciembre, el mes en el que estamos. Con una sonrisa en los labios por las buenas noticias, por el avance del nuevo proyecto que ya ha superado las 80.000 palabras y aún tiene mucho que contar.

La respuesta de la cirujana de que en enero pasaría de nuevo por quirófano y pensar que si el año empieza así, tal vez todo lo que venga detrás sea maravilloso.

Soy de las personas que piensan en positivismo. ¿Qué nos quedaría entonces?

Doce meses que han dado para mucho. Un año que aún no ha dicho adiós y muchas ganas de que el 2.021 sea lo que todos esperamos.

Felices fiestas a todos y disfrutad de todo lo que nos da la vida, porque cada cosa que pasa es una nueva página en nuestra propia novela que es la vida.

Aprender y avanzar.

Publicar un comentario